El petróleo de EE UU pugna por regresar a terreno positivo tras la orden de Trump de llenar las reservas

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El petróleo de EE UU pugna por regresar a terreno positivo tras la orden de Trump de llenar las reservas

Fuente: https://elpais.com

El crudo de referencia en Europa sufre un nuevo batacazo, pero se mantiene en números verdes: el barril de ‘brent’ aún vale más de 20 dólares

Pozos petroleros en Huntington Beach (California), este lunes.
Pozos petroleros en Huntington Beach (California), este lunes.MARIO TAMA / AFP

La lógica económica ha regresado este martes, por la mínima y solo durante un corto periodo de tiempo, al mercado petrolero estadounidense. El barril de crudo texas, el de referencia en la primera potencia mundial, volvió a cotizar durante unas horas en positivo después de que el lunes se dejase, atención, el 300% de su valor, y entrase en negativo por primera vez de su historia. Con todo, el regreso a números verdes es demasiado débil y volátil como para considerarlo una tendencia asentada: tras repuntar, atención de nuevo, más de un 100% en los primeros compases de la jornada, iba perdiendo fuelle con el paso de las horas, dando paso a un baile de los precios en la frontera misma del cero.


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El petróleo de EE UU pugna por regresar a terreno positivo tras la orden de Trump de llenar las reservas

El crudo de referencia en Europa sufre un nuevo batacazo, pero se mantiene en números verdes: el barril de ‘brent’ aún vale más de 20 dólares

Pozos petroleros en Huntington Beach (California), este lunes.
Pozos petroleros en Huntington Beach (California), este lunes.MARIO TAMA / AFP

IGNACIO FARIZAMadrid – 21 ABR 2020 – 07:18 AST

La lógica económica ha regresado este martes, por la mínima y solo durante un corto periodo de tiempo, al mercado petrolero estadounidense. El barril de crudo texas, el de referencia en la primera potencia mundial, volvió a cotizar durante unas horas en positivo después de que el lunes se dejase, atención, el 300% de su valor, y entrase en negativo por primera vez de su historia. Con todo, el regreso a números verdes es demasiado débil y volátil como para considerarlo una tendencia asentada: tras repuntar, atención de nuevo, más de un 100% en los primeros compases de la jornada, iba perdiendo fuelle con el paso de las horas, dando paso a un baile de los precios en la frontera misma del cero.

Que los futuros del crudo estadounidense para entrega en mayo llegasen a cotizar el lunes en negativo quiere decir que quienes compraban un barril con entrega en mayo no solo no tenían que pagar nada sino que recibían dinero a cambio de quedárselo. El motivo: la saturación de los puntos de almacenamiento y la propia dinámica de una industria en la que cerrar un pozo petrolero y parar la producción es, muchas veces, más oneroso que seguir bombeando, incluso cuando eso aboque a tener que vender a pérdidas, regalar el crudo o —directamente, como hemos visto el lunes en su versión más extrema,— pagar a quien lo retire. El mundo al revés, al menos respecto a lo que dicta nuestra intuición. ¿Por qué ahora? El desplome del lunes tiene que ver, además, con una dinámica propia del mercado: era la víspera de la jornada de vencimiento en el mercado de futuros del crudo de Chicago y quienes todavía tenían en su poder contratos de entrega en mayo trataron de deshacerse de ellos a marchas forzadas ante la incapacidad de poder guardarlo cuando se produjese su transferencia física.

A primera hora del martes quien quisiera hacerse con un derecho futuro sobre un barril de petróleo estadounidense tenía que rascarse el bolsillo. Simbólicamente, pero tenía que pagar: un centavo de dólar en el toque de campana europeo. El anuncio de que Estados Unidos comprará hasta 75 millones de barriles para llenar hasta los topes las reservas estratégicas contribuye a estabilizar mínimamente el mercado. Es, como ha reconocido el propio presidente estadounidense Donald Trump, la primera vez en mucho tiempo que el país norteamericano llenará al máximo sus depósitos en una acción que tiene un objetivo doble: por un lado retira de la circulación una cantidad importante y por otro se hace, a precios de derribo, con una cantidad ingente de crudo para hacer frente a potenciales disrupciones futuras de oferta. Nuevamente el Estado como factor de estabilización de un mercado, el petrolero, sumido en una tormenta inédita.

El movimiento de Trump también debe ser leído, claro, en clave política: el coronavirus provocará, ya con total seguridad, que la economía llegue claramente en recesión a las elecciones de noviembre y el magnate sencillamente no puede permitirse una sangría de empleo en la potente industria petrolera texana, que descansa casi íntegramente en el fracking: una técnica que ha llevado al gigante norteamericano al cetro de primer productor mundial y que le ha permitido levantar la restricción histórica sobre las exportaciones, pero muy sensible a precios del petróleo por debajo de los 40 dólares. Con el valor del crudo rozando el cero, sencillamente todas las empresas del sector operan a pérdidas. Y el presidente no quiere que una oleada de quiebras límite sus opciones en un Estado tradicionalmente republicano y clave para su reelección: es el tercero más grande de EE UU y, por tanto, el tercero que más miembros del Colegio Electoral —el órgano que decide, en última instancia, el nombre del próximo presidente y vicepresidente estadounidenses— elige, tras los muy demócratas California y Nueva York.

“Tras varias semanas de hundimiento de la demanda y movimientos de política petrolera sin precedentes, este lunes llegó la novedad absoluta: los precios negativos. Pero, antes de salir corriendo a la gasolinera, [se debe tener en cuenta que] esos precios negativos son un problema temporal que refleja el estrés en el mercado de futuros y en las condiciones de almacenamiento en el Medio Oeste estadounidense», apunta Norbert Rücker, jefe de análisis del banco suizo Julius Baer. Una de las mayores firmas privadas de almacenamiento de petróleo del mundo, la holandesa Vopak, ha refrendado este martes el sentir de los inversores: “Los espacios de almacenaje en nuestras terminales están casi completamente comprometidos”, ha deslizado su consejero delegado, Gerard Paulides, en una entrevista en Bloomberg. “Para nosotros y excluyendo los espacios en fase de mantenimiento, todo está prácticamente vendido. Y, por lo que escucho en el resto del mundo, no somos los únicos”.

Entretanto, el barril de brent, el de referencia en Europa y de almacenaje y transporte mucho más sencillo, sufría un severo batacazo este martes —retrocede algo más del 10%—, pero logra mantenerse en terreno positivo y por encima de la barrera de los 20 dólares, aún sobre el mínimo de dos décadas que marcó a principios de abril. Hay varios motivos para que esto suceda: a diferencia del texas, la liquidación de los futuros del crudo que se consume en el Viejo Continente es en junio y no en mayo —y para entonces se espera que el consumo haya vuelo, al menos parcialmente, a la vida— y la imposibilidad de trasladar ese crudo desde el centro de EE UU hasta otras latitudes ante la altísima demanda de buques no solo ya para el trasiego de barriles sino para su almacenamiento ante el llenazo de los depósitos tierra adentro. De ahí que la orden de Trump de llenar las reservas estratégicas sea, en este momento, la única opción posible para rebajar la presión sobre un mercado en el que, sencillamente, las piezas no encajan desde hace semanas.

“La cotización refleja el valor económico del petróleo menos el coste de almacenamiento”, explica Paul Donovan, economista jefe de UBS. “Y, como el texas ha de ser transportado [salvo la parte que se consume en EE UU, claro] y el almacenamiento es difícil y caro, el coste de almacenaje en mayo excede el valor económico del crudo ese mismo mes”. La entrada del petróleo estadounidense en negativo este lunes es, por tanto, tan atípica —nunca antes había sobrepasado esa barrera— como palmaria: la recién concluida guerra de precios entre Arabia Saudí y Rusia puso en circulación una cantidad ingente de crudo inasumible para un mercado ya de por sí desestabilizado y con una demanda global laminada por el coronavirus. Con la economía global mirando ya a los ojos a la mayor contracción desde los años treinta del siglo pasado, los aviones parados, los coches estacionados y las fábricas a medio gas —no ya solo por la seguridad de los empleados sino por el hundimiento de la demanda global de muchos productos hasta que se aclare el panorama económico— el crudo es menos necesario que nunca antes. El planeta y la salud de quienes viven en grandes ciudades lo agradecen, pero el mercado ha pasado a una pugna entre el verde y el rojo inimaginable hace solo unos días: el equilibrio entre oferta y demanda está, literalmente, echo añicos.

Las crisis económicas dejan para la historia, además de mucho sufrimiento humano y una sangría en los mercados que se mide en miles de millones de dólares, giros de guion inesperados. La de hace una década instaló en el imaginario un concepto inédito: el de los tipos de interés negativos —en plata: pagar por guardar los ahorros—. Esta, la del coronavirus, amaga con dejar una nueva paradoja: precios del petróleo en negativo. Veremos por cuánto tiempo. El mercado, cierra Rücker, de Julius Baer, «sigue escribiendo su propia historia”.

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