Por qué actualizar las clasificaciones internacionales de energías renovables es crucial para las transiciones energéticas

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Fuente: https://www.irena.org

Los sistemas energéticos actuales son más complejos que nunca. Los países están utilizando más soluciones de energía renovable para alejarse de los combustibles fósiles como principal fuente de energía en muchos contextos. Esta es una buena noticia para un futuro energético más limpio y sostenible. Pero a medida que se produce el cambio, surgen algunos problemas a la hora de realizar un seguimiento de las fuentes de energía.

Uno de los problemas es que las reglas que se utilizan actualmente para rastrear la energía en todo el mundo publicadas en las Recomendaciones Internacionales para Estadísticas de Energía (IRES) no establecen explícitamente la diferencia entre fuentes de energía renovables y no renovables. Entre las piezas que faltan se encuentran los múltiples tipos de tecnologías y productos de energía renovable que se están utilizando cada vez más en la actualidad.

Debido a que las clasificaciones internacionales estándar de productos energéticos (SIEC) se publicaron hace casi 15 años, es necesario actualizarlas utilizando una taxonomía de energías renovables más detallada. De lo contrario, el camino de la transición energética estará guiado por mapas obsoletos.

Tener un enfoque claro para clasificar las fuentes de energía no solo es importante para rastrear y medir, sino también para dar sentido a la transición energética en curso. Además de eso, como propone IRES, un marco común para las categorías de energía puede ser de inmensa ayuda para que los países colaboren, ya que se hablan entre sí en un idioma común.

Desde la perspectiva de la transición energética, la clasificación de la energía debería comenzar con la pregunta “¿es renovable?”. Conocer la diferencia será fundamental para que los estadísticos y analistas de energía comprendan fácilmente si el sistema energético de un país se está volviendo más sostenible con el tiempo, o para evaluar mejor las fuentes de energía en función de su impacto en el clima.

La energía renovable no es análoga al cambio climático, pero es un aspecto clave en la adaptación y mitigación del clima. Desde que el Acuerdo de París estableció un marco internacional de contabilidad de carbono para la energía, muchos países han traducido con éxito su información energética nacional en una medida internacional común de las emisiones de carbono a la atmósfera.

Hoy en día, los países han abandonado las series de datos antiguas o han optado por no rastrear ciertas fuentes de energía porque caen bajo la autoridad de otras organizaciones gubernamentales, por falta de financiamiento e interés político, o porque no existen reglas establecidas para rastrear ciertas opciones energéticas como las fuera de la red. tecnologías o algunas formas de bioenergía. De hecho, la información energética global podría beneficiarse de una taxonomía energética más definida y completa.

Al mostrar divisiones claras de lo que es renovable y lo que no, los países y analistas comprenderían más fácilmente el carbono emitido por cada subsector energético, proporcionando recomendaciones locales más adecuadas que satisfagan las necesidades de los países para acelerar sus transiciones energéticas.

Para ello, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) preparó un nuevo sistema para clasificar las diferentes fuentes de energía que serviría como un nuevo mapa para recorrer los entresijos de las transiciones energéticas. La taxonomía IRENA deja de lado la electricidad y el calor, pero propone una manera de incluir el hidrógeno y el amoníaco en las fuentes de energía. Si bien esto puede no tener sentido inmediato porque estas moléculas son las mismas independientemente de sus fuentes, se diferencian entre fuentes renovables y no renovables. De hecho, este método ya es común con la electricidad y el calor, denotando implícitamente la fracción que proviene de fuentes renovables.

Implementar dicha taxonomía requerirá mucho trabajo, que incluye recategorizar y ajustar datos históricos y una mayor colaboración internacional. Pero la innovación impulsa el cambio tecnológico y, con él, surgen nuevas formas de agrupar la energía. La armonización de los datos entre países y tiempos aportará más claridad al complejo y dinámico sector energético, permitiendo a los países navegar las discusiones sobre energía de manera más efectiva, con información mejor y más detallada que desbloquearía decisiones esclarecedoras que cambiarían vidas. No hay otra alternativa que seguir perfeccionando y actualizando este trabajo a medida que surjan debates internacionales.

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