Por qué la democracia energética es necesaria para un futuro sostenible y justo

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Fuente: https://www.latinoamericarenovable.com

El apoyo al crecimiento económico depende en gran medida de la energía. La energía desempeña un papel importante en la mejora del nivel de vida de las personas (1).

Hoy en día, la gobernanza de la energía, tanto a nivel mundial como nacional, se enfrenta a diversos retos. El cambio climático, la salud pública y la calidad del agua son algunos de estos desafíos. En este contexto, la necesidad de transformación de la energía conduce al desarrollo de un modelo que no está asociado con las causas de los problemas contemporáneos relacionados con la energía (2).

Lo que se necesita para que la transformación energética se lleve a cabo es la descarbonización del sistema energético actual, lo que a su vez requiere un «mayor despliegue de fuentes de energía renovables (FER)». Una de las principales ventajas que tienen las FER respecto a las fuentes convencionales, por ejemplo, el carbón, el gas, etc., es que pueden desplegarse no sólo a gran escala sino también a pequeña escala. Así pues, la inversión y el desarrollo de las FER también pueden beneficiar a las cooperativas y a las pequeñas empresas, así como a los particulares y a las comunidades locales. En consecuencia, se promueve el aumento de la función de los agentes sociales (2).

La necesidad de desarrollar un modelo energético sostenible a nivel mundial debido a la crisis climática es evidente. Sin embargo, también es necesario lograr la sostenibilidad en general.

Como se menciona en Kretschmann (2020), hay tres objetivos básicos de la sostenibilidad. En primer lugar, la riqueza debe distribuirse entre el mayor número de personas posible. Segundo, se debe desarrollar una economía fuerte y beneficiosa. Y tercero, pero no menos importante, la protección del medio ambiente tiene que ser garantizada (3).

En resumen, la sostenibilidad tiene tres dimensiones: social, económica y ambiental. El concepto que combina las tres dimensiones de la sostenibilidad en lo que respecta a la transformación del modelo energético actual es el de la democracia energética.

El concepto de democracia energética

«…una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones… [y en segundo lugar, por] el aumento de la propiedad cívica, comunitaria y/o pública de los medios de producción de energía…»

Lo que caracteriza a la democracia energética según las definiciones existentes es doble. En primer lugar, la democracia energética se caracteriza por «…una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones…[y en segundo lugar, por] una mayor propiedad cívica, comunitaria y/o pública de los medios de producción de energía…» (2).

El concepto de democracia energética es novedoso. Es un movimiento social aún en el comienzo de su aparición. Su importancia radica en el contexto de la mitigación de la crisis climática mundial inducida por el hombre. Con el objetivo de establecer estructuras democráticas y renovables en lugar de los actuales sistemas monopolizados de combustibles fósiles, la democracia energética reúne la necesidad de cambiar tanto la actual infraestructura energética como la escena económica/social/política (4).

En otras palabras, la democracia energética es «La visión de un futuro energético renovable justo y equitativo que vincule la sostenibilidad ambiental, la capacidad de recuperación de la comunidad, la justicia social y la equidad económica…». (5).

En lo que respecta a la equidad económica, en particular, un problema relacionado con la energía que realza la importancia del establecimiento de la democracia energética es la falta de acceso a servicios energéticos de calidad, el fenómeno conocido como pobreza energética.

Las interrelaciones entre la pobreza energética y el clima son significativas, ya que se forman sobre la base de la mitigación del cambio climático, la necesidad de aumentar el acceso a la energía y el alivio de la pobreza [rural]. Se ha comprobado que la pobreza energética influye en mayor medida en las mujeres, los niños y las minorías. Más concretamente, esta influencia se traduce en la falta de satisfacción de las necesidades básicas y en la falta de oportunidades económicas y educativas para estos grupos sociales (6).

Una de las principales conclusiones del informe «Energía para todos: financiación del acceso de los pobres» de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) (2011) fue que más de 1.300 millones de personas no podían satisfacer sus necesidades de acceso a la electricidad y 2.700 millones de personas cocinaban en instalaciones sucias. La mayoría de esas personas (más del 95%) vivían en el África subsahariana y en países asiáticos en desarrollo. El alivio de la pobreza energética podría mejorar en gran medida la prevención de la mortalidad prematura, aumentar las oportunidades de educación, ayudar a salvar la brecha de la igualdad entre los géneros y también ayudar a lograr la sostenibilidad ambiental, entre otras cosas (AIE, 2011).

Así pues, para minimizar, o incluso erradicar, el problema de la pobreza (energética), es importante que se promueva la democracia energética. Es necesario que se asegure un futuro (energético) sostenible para todos y esto sólo puede lograrse si se adopta un modelo de desarrollo social y democrático en todo el mundo.

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