¿Recuperación económica sin trampas para favorecer las energías sucias? Hay que mirar también a la producción nacional de hidrocarburos

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Fuente: https://www.energynews.es

Por Sara Pizzinato, consultora independiente en Transición Energética

En nuestro artículo de hoy del Club de Expertos,Sara Pizzinato, consultora independiente en Transición Energética, pone de manifiesto la necesidad de llevar a cabo una recuperación económica de carácter renovable  y bajo los principios de descarbonización, en detrimento de los combustibles fósiles y la energía nuclear.

En 2018 en España las energías renovables ya constituían la tercera fuente de energía primaria detrás de petróleo y gas y por delante tanto del carbón como de la energía nuclear (fuente: CORES). Es una tendencia alentadora pero aún demasiado lenta. Muchos son los actores que, con acierto, están demandando que la recuperación económica global post pandemia se diseñe desde el principio bajo criterios de descarbonización evitando que el esfuerzo social y económico necesarios redunden en un empeoramiento de las crisis climática y de biodiversidad. 

Y no es por casualidad: las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) siguieron aumentando hasta la llegada de la crisis global por la Covid-19, a pesar de las advertencias científicas y los compromisos políticos globales adquiridos. Como consecuencia, NNUU advirtió de que se hacían necesarios recortes más rápidos de las emisiones. Si hace diez años la reducción global de emisiones de GEI necesaria para mantener el aumento de la temperatura promedia global por debajo de 1.5ºC era de un 3.3% anual, en 2020 ya se ha más que duplicado, pasando al 7.6%. Se nos acumula el trabajo.

En términos de emisiones, todos los años se debería conseguir lo que hemos afianzado durante la pandemia

Como comparación para entender las implicaciones sociales y económicas que esto tiene, se pronostica que la caída de las emisiones globales anuales de GEI inducidas en 2020 por el efecto de la pandemia mundial de Covid-19 será de entre un 4% y un 7%. Es decir que cada año deberíamos lograr una reducción adicional de emisiones equivalente a lo que ha producido la Covid-19. Lograrlo evitando impactos disruptivos en la sociedad y el planeta es el reto que tenemos enfrente y no es poca cosa. 

En ese sentido se abren ahora muchas oportunidades para la recuperación económica y acelerar la transición energética y una de ellas, en mi opinión, no ha salido con suficiente fuerza aún: ¿por qué seguir protegiendo la producción nacional de hidrocarburos cuando no son esenciales ni desde un punto de vista de cobertura de la demanda nacional, ni de  empleo o de aportación a la recaudación pública?

Si la preocupación es tributaria tampoco se pueden encontrar argumentos para mantener o ampliar la extracción nacional de hidrocarburos: la recaudación por el Impuesto sobre el Valor de la Extracción de Gas, petróleo y condensados en 2019 fue de tan solo 611 mil euros.

Hora de cambiar nuestro modelo energético

Hoy en día hay, en España, 5 sitios de extracción de gas y petróleo. La mayoría de ellos están ubicados en zonas protegidas o en sus proximidades con elevados riesgos ambientales ligados a su explotación. Solo como ejemplo: la plataforma marina Casablanca de Repsol y los pozos submarinos de los que extrae crudo están ubicados en la zona ZEPA del delta del Ebro e Islas Columbretes y a pocas millas del Corredor de migración de cetáceos del Mediterráneo recientemente declarado Zona Especialmente Protegida de Interés para el Mediterráneo; la extracción de gas Poseidón se encuentra en el golfo de Cádiz justo en frente al frágil Parque Nacional de Doñana y también es de propiedad de Repsol. 

Ni el gas ni el petróleo que se extraen a nivel nacional llegan a cubrir un escasísimo 0.2% de la demanda interna. Y de hecho, la reducción de consumo de hidrocarburos presentada en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima es mucho mayor que toda la producción anual nacional.

Desde el punto de vista del empleo, en una plataforma petrolífera como la Casablanca de Repsol que mencioné antes, trabajan unas 100 personas, habiendo en España 5 emplazamientos de extracción de hidrocarburos en activo, los cálculos son sencillos.

Y si la preocupación es tributaria tampoco se pueden encontrar argumentos para mantener o ampliar la extracción nacional de hidrocarburos: la recaudación por el Impuesto sobre el Valor de la Extracción de Gas, petróleo y condensados en 2019 fue de tan solo 611 mil euros (fuente: pregunta parlamentaria del Senador Vidal), calderilla.

La semana pasada entró en tramitación en el Congreso de los Diputados el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética que incluye la propuesta de prohibir nuevos proyectos de investigación de hidrocarburos en el territorio y mar de competencia nacional. Es ciertamente una buena noticia y hará falta asegurar que no desaparezca en el debate parlamentario. Pero por otro lado permite la renovación hasta 2042 de las concesiones existentes de explotación de hidrocarburos y no pide el archivo definitivo de las solicitudes de exploración en tramitación (22 en estos momentos). En definitiva, una protección injustificada de la actividad de extracción actual. 

Una recuperación económica verde que no hace trampas en el solitario también tiene que abordar de forma valiente a la producción nacional de hidrocarburos, no renovando las concesiones de extracción de hidrocarburos cuando estas caducan y archivando definitivamente las 22 solicitudes de exploración en tramitación y aún no concedidas. Es tarea del Congreso y del Senado, ahora, mejorar el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. 

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